*(grupo mar · músico · dirección musical · ego del control)*
A Juan no lo echaron de otras agrupaciones por discutir.
Lo echaron por **saber demasiado**.
O al menos, eso es lo que él siempre ha pensado.
Juan está convencido de que, si una cosa suena mal, no es culpa del grupo: es culpa de que no le hicieron caso a tiempo. Ese convencimiento lo acompaña a todas partes y lo ha acompañado también hasta Los CHIPIJAPI, donde por fin ha encontrado un sitio donde puede ejercer sin pedir permiso… aunque a costa de volver locos a los demás.
Dentro de la agrupación, Juan se encarga de la música. Pero no solo de tocar. Se encarga de **pensarla, revisarla, corregirla y volver a corregirla**. Lleva el tempo tatuado en la cabeza y el compás metido en el cuerpo. No escucha una copla: la disecciona. Y si encuentra algo fuera de sitio, no puede seguir adelante hasta arreglarlo.
Ha habido ensayos eternos por culpa de Juan. Ensayos en los que se ha repetido la misma entrada veinte veces porque “ahí todavía no está”. Ensayos en los que ha cambiado una decisión tomada el día anterior porque, al llegar a casa, se dio cuenta de que había otra opción mejor. Ensayos en los que los músicos han terminado agotados y Juan, sin embargo, ha salido satisfecho… aunque no del todo.
Juan es ego puro, pero un ego peculiar. No es chulería. Es convicción absoluta. Cree sinceramente que, si el grupo suena bien, el premio está más cerca. Y si suena regular, da igual lo demás: carroza, disfraz o coreografía. Todo eso es secundario para él.
Ahí chocan los mundos. Borja le pide calma y confianza. Alfredo le pide que no cambie las cosas a última hora. Ramón le pide que decida de una vez qué ritmo quiere. Y Juan escucha… pero rara vez cede del todo.
También hay que decirlo: cuando Juan acierta, **se nota**. Ha habido momentos en los que una corrección suya ha salvado una copla, una entrada bien colocada ha levantado al grupo entero o un cambio de última hora ha hecho que algo funcionara de verdad. Esos momentos son los que alimentan su ego… y los que hacen que nadie pueda prescindir de él.
Juan pertenece al grupo del mar porque vive la música como una marea constante. Subidas, bajadas, cambios de corriente. Nunca está quieto. Nunca está satisfecho. Y eso, aunque cansa, empuja al grupo hacia delante.
Él no se ve como un pesado.
Se ve como el único que está haciendo su trabajo como hay que hacerlo.
Y en el fondo, aunque refunfuñen, los demás saben que sin ese ego controlador, Los CHIPIJAPI sonarían peor.
Otra cosa es que él lo sepa… y se lo recuerde al grupo más veces de las necesarias.