Estamos cuando estamos. Nunca antes. 

Jesus Chamorro

grupo mar · músico · guitarra · ego del detalle bien hecho)

A Chamorro no lo echaron de otras agrupaciones por no saber tocar. Todo lo contrario. Lo echaron porque sabía demasiado bien cómo tenían que verse las cosas y no estaba dispuesto a aceptar cualquier apaño. En grupos donde se valora más salir del paso que terminar fino, alguien así acaba estorbando.

Chamorro es guitarrista, pero dentro de Los CHIPIJAPI su función va mucho más allá de las cuerdas. Es el ojo crítico. El que se fija en lo que no encaja aunque nadie más lo vea. El que detecta que un color mata a otro, que una forma rompe el conjunto o que un detalle, por pequeño que sea, afea todo lo demás. No suele hablar primero. Observa. Analiza. Y cuando habla, normalmente ya es tarde… porque la decisión está tomada.

En el día a día del grupo, Chamorro se encarga de revisar, de pulir, de intentar que la chapuza no sea tan evidente. Se mete en la música, claro, pero también se acerca a la carroza, a los disfraces, a cualquier cosa que tenga un acabado visible. Tiene una sensibilidad especial para lo estético, una mezcla de oficio y gusto que ha ido construyendo con los años. Y eso alimenta su ego: Chamorro está convencido de que ve cosas que los demás no ven.

Y muchas veces es verdad.

Ha tenido grandes aciertos. Cambios mínimos que han salvado un conjunto entero. Ajustes de última hora que han hecho que algo que parecía cutre pasara a ser digno. Momentos en los que, al escucharle por fin, el grupo ha entendido que tenía razón desde el principio. Esos momentos son los que hacen que Chamorro siga insistiendo, aunque ya sepa que no siempre le van a hacer caso.

Pero también ha protagonizado fracasos dolorosos. Ideas bien pensadas que se quedaron en nada porque nadie quiso frenar para escucharlas. Propuestas rechazadas que luego, una vez montado el desastre, todos reconocieron tarde. Y eso lo quema. No lo exterioriza con gritos ni broncas, pero se le nota en la cara, en el silencio, en la frase corta y seca que suelta cuando algo sale mal:
"Ya está."

Chamorro pertenece al grupo del mar porque trabaja como quien limpia pescado con paciencia. Corte preciso, gesto repetido, atención constante. No le gusta correr. No le gusta improvisar. Y eso choca con una agrupación que improvisa demasiado y corre siempre. Especialmente con perfiles como Zeus o Fran, que funcionan por impulso, o con Borja, que confía en que todo se arregle solo.

Aun así, Chamorro sigue ahí. Porque, aunque no siempre lo valoren, sabe que su papel es necesario. Es el que intenta que el grupo no se desmadre del todo. El que pone freno estético al ego colectivo. El que lucha contra la horterada… aunque muchas veces pierda.

Chamorro no se ve chapucero. Se ve incomprendido. Cree sinceramente que lo que están haciendo podría ser mucho mejor si se le escuchara un poco más. Y aun sabiendo que el resultado final rara vez coincide con su ideal, se aferra a una idea que comparte con todos: este año sí. Este año, con todos los egos bien colocados, el jurado lo va a ver.

Y si no lo ve, al menos Chamorro sabrá que él hizo todo lo posible para que aquello tuviera sentido.

0,00 €