Estamos cuando estamos. Nunca antes. 

Borja

Borja es el que aparece cuando nadie sabe muy bien quién tiene que decidir algo. No porque se autoproclame jefe, sino porque, sin darse cuenta, siempre acaba en el centro de la conversación. Es tranquilo, pausado, de los que escuchan antes de hablar… y de los que, cuando hablan, convencen aunque no tengan del todo claro lo que están diciendo.


Dentro de la Agrupación Los CHIPIJAPI, Borja se encarga de coordinar. Coordinar suena a palabra grande, pero en su caso significa estar pendiente de todo sin meterse demasiado en nada. Es el que llama, el que recuerda fechas, el que dice “eso hay que verlo”, el que intenta que nadie se enfade del todo con nadie. El pegamento del grupo, aunque a veces ese pegamento esté un poco pasado.


También es el que lleva las cuentas. Y ahí empieza la parte delicada.


Borja no es que no sepa sumar. Es que confía demasiado en su cabeza. Hace números mentales, redondea con alegría y se fía de que, de alguna manera, el dinero aparece. Tiene buena intención, pero mala vista, y una fe inquebrantable en que “al final siempre se apaña”. El problema es que esa filosofía, aplicada a una cabalgata, suele acabar en sobresaltos.


Ha habido momentos gloriosos gracias a Borja. Decisiones acertadas, llamadas a tiempo, conflictos apagados antes de arder. Cuando el grupo estaba a punto de romperse por una discusión absurda, Borja ha sido el que ha soltado una frase simple, casi tonta, que ha bajado los humos. Tiene ese don.


Pero también ha habido catástrofes silenciosas. Pagos que no se hicieron cuando tocaban, compras que se dieron por hechas y no lo estaban, presupuestos que “más o menos cuadraban” hasta que dejaron de cuadrar del todo. El popurrí lo confiesa sin piedad: las cuentas no están claras, hubo gastos extras, el dinero no se sabe muy bien dónde fue. Y Borja, aun así, sigue convencido de que no es para tanto.


Ahí entra Fran, que lo verbaliza todo. Y ahí empiezan las discusiones. Borja escucha a Fran con paciencia, asiente, promete revisarlo… y muchas veces vuelve a cometer el mismo error. No por dejadez, sino porque cree que la confianza es más importante que el control. Juan Kopeki piensa justo lo contrario, y de ahí salen discusiones eternas que nunca llegan a ser bronca de verdad, pero que se repiten como las mareas.


Borja pertenece al grupo fucsia porque vive el carnaval como una fiesta continua. No como un desmadre, sino como una celebración colectiva. Cree en el pueblo, en los eventos, en que Chipiona siempre responde. Feria, romería, cabalgata, da igual. Para él todo forma parte de lo mismo: salir, compartir y disfrutar. Por eso le duele cuando algo falla. Porque no lo vive como un error técnico, sino como una decepción personal.


Y aun así, nunca se rinde. Cuando todo se viene abajo, Borja no huye. Se queda. Da la cara. Escucha. Intenta arreglar lo que se pueda arreglar y acepta lo que no. Es el primero en reconocer que quizá se equivocó, aunque lo diga con un “bueno…” delante.


El grupo sabe que sin Borja esto sería un gallinero sin norte. También sabe que con Borja se han vivido algunos de los mayores sustos. Pero nadie lo cambiaría. Porque Borja no busca lucirse, ni imponer, ni ganar él solo. Borja quiere ganar **con los demás**.


Y en el fondo, eso es lo que sostiene a Los CHIPIJAPI cuando todo amenaza con desmoronarse.


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